El duelo por COVID-19

La muerte es uno de los temas que el ser humano debe enfrentar y encontrarle respuestas. Ante la muerte de un ser querido, cada cultura reacciona de una manera, rituales funerarios colectivos o privados, religiosos o laicos, ayudan a las personas de a despedirse de su ser amado y colaboran en la elaboración del duelo, en la aceptación de la muerte.

La expresión de los sentimientos y la función beneficiosa del apoyo social durante el funeral y el entierro facilitan el “duelo sano”.

Antiguamente los rituales eran más largos y el tiempo de duración (a veces varios días) ayudaba a la  elaboración de la pérdida; ya en los últimos años con los velatorios fuera del hogar o con las incineraciones, los rituales han ido desapareciendo lentamente y con ellos la capacidad que tenían de paliar el dolor de los familiares y amigos del difunto.

Las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido por COVID-19 sienten la presión de la sociedad para deshacerse de su dolor y volver a la normalidad en un tiempo breve y silencioso. Bajo la dura realidad de “le ha ocurrido a miles de personas” y de la peligrosidad del contagio del virus, cada uno ha tenido que llorar sus pérdidas sin ser abrazado, consolado y con tiempo necesario para despedir a sus seres queridos. Se añade a estos duelos, la dureza de no poder ver el cuerpo y, en ocasiones de no poder cumplir la última voluntad (por ejemplo, entierro y no incineración).

Los psicólogos sabemos que estamos ante un duelo de riesgo. Todo lo que sucede en los días o momentos previos a la muerte e inmediatamente después condiciona mucho el desarrollo del proceso de duelo y en el caso de la muerte por COVID-19 todos éstos eventos son muy traumáticos; por otra parte, el apoyo social y afectivo ha estado muy condicionado por la experiencia de confinamiento.

En fracaso o las complicaciones en la elaboración de un duelo pueden dar lugar a problemas psicológicos que se pueden reflejar en síntomas, síndromes clínicos, de distinta gravedad, y que en cualquier caso pueden dificultar las relaciones y la vida personal. Dedicar tiempo a escuchar el relato de los pacientes y legitimar pérdida, para que la persona encuentre el consuelo necesario y las fuerzas para seguir su camino vital.

Chequeo de factores de riesgo:

  • la posibilidad de un rápido empeoramiento del cuadro clínico;
  • la separación traumática para la hospitalización;
  • la incapacidad de ver o comunicarse con su ser querido;
  • la incapacidad de tener actualizaciones constantes sobre el estado de salud;
  • la incapacidad de acompañar al ser querido en los últimos momentos de la vida;
  • la posibilidad de pérdidas múltiples;
  • la ausencia del cuerpo para llorar, el funeral y cualquier otro tipo de rituales sociales y personales;
  • el aislamiento social de los sobrevivientes en cuarentena; y
  • la incapacidad de recibir calidez y afecto de los miembros de la familia y su comunidad.

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