Yo no quiero celebrar la Navidad

Los sentimientos que invaden a gran parte de la población son: una incertidumbre profunda y un sentimiento de angustia generalizada -¿cuándo terminará esto?-. Con estas dos emociones tan intensas es difícil, por no decir imposible, sentir la emoción positiva que se asocia a una fiesta.
Mucha gente no quiere celebrar la Navidad y son, a diario, negados por este sentimiento. No son pocos y no son raros. Todos tienen su motivo.
Las familias que han perdido uno o varios familiares están aún procesando la dura realidad de un duelo múltiple y quizás un duelo complicado, la incredulidad de que todo esto haya ocurrido de manera sorpresiva, la rabia y la ira del desenlace. Estas familias no quieren celebrar que sus seres queridos ya no estén en la mesa brindando.
Los sanitarios, que vieron morir a miles de personas (más de las que verán fallecer en el resto de sus carreras profesionales) y los cuerpos especiales, que ayudaron a gestionar los decesos de esos miles de personas, están aún en shock, en estrés postraumático, enlazado con el estrés de la segunda ola y en previsión de la tercera. Estos trabajadores no quieren celebrar nada porque saben que asociado a cualquier reunión, irá un aumento de casos, de trabajo, de estrés laboral y personal.
Los trabajadores esenciales que suministraron ayuda y soporte, -algunos de ellos sólo contratados temporalmente para ese pico de trabajo-, ven con incredulidad lo útiles que fueron y lo rápido que les dejaron de renovar sus contratos temporales. Su autoestima y valía se ha visto cuestionada.
Las personas que han perdido sus negocios y/o están en ERTE sienten un duelo desautorizado, ellos no pueden llorar ni lamentarse, no han perdido a un familiar o un amigo, su pérdida no es de una vida. Pero están en duelo y no quieren, o ni siquiera tienen con qué celebrar la fiesta.
Las personas que no pudieron ser diagnosticadas a tiempo o tratadas de cualquier otra patología que no fuera COVID-19 y quizás por ello se encuentran en peor situación médica, no quieren celebrar la Navidad. Igual que las personas que sufren COVID-19 persistente no pueden olvidar su malestar cada mañana y recordar a qué se debe.
Los miles, millones de personas que por empatía miran con desolación a su alrededor y son conscientes de la tragedia humana, económica y social que ha supuesto y supone esta pandemia, no tienen ganas de celebrar nada. Están en duelo y ahora ya se puede decir que su duelo es desautorizado, porque solo se habla de reuniones navideñas, de iluminación en las calles, de campanadas y de uvas.
Es por todo esto, por lo que si quisiéramos salir más fuertes como sociedad, evolucionar, aprender, ser mejores personas, consolar a los que han perdido y animar a los que aún están luchando por sus vidas en cada hospital, apoyar a los sanitarios y conservar fuerzas emocionales para lo que queda de pandemia, deberíamos pasar de puntillas por estos días, mirar hacia otras fechas donde sea seguro juntarnos todos y celebrar -cuando termine-, que terminó la pesadilla.

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